
La historia comienza ubicando al lector en una aldea, Betania, donde viven dos hermanas, Marta y María. El núcleo familiar constituido por María, Marta y Lázaro, era visitado por Jesús con frecuencia. Toda vez que visitaba Betania, se detenía en la casa de ellos, ya que les unían grandes lazos de amistad. El autor del libro recuerda a los lectores que María en una ocasión anterior había derramado un perfume muy costoso sobre el Señor y lavado sus pies con sus cabellos. Esta mención es un ejemplo de que toda acción positiva que hacemos, cada día, está siempre presente en la mente de Dios. Nuestro Padre celestial no se olvida del bien que hacemos y a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestras acciones, sea en este siglo o en el venidero.
Lázaro enferma y las hermanas envían un mensajero al Señor para notificarle de la enfermedad de su hermano, en especial, porque saben que él ama mucho a Lázaro. En este pasaje la palabra griega corresponde al amor filial, al amor que existe entre los miembros de una familia. En otras palabras le estaban diciendo, Lázaro, al que amas como a un hermano, ha enfermado y se ve muy mal.
Oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando oyó, pues, que estaba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. (versos 4-6)
Cuando los mensajeros traen la noticia a Jesús, él inmediatamente les indica que esta situación difícil que atraviesa Lázaro no es para muerte. Es una situación donde Jesús mostrará que es el Hijo de Dios y a través de ello dará gloria a su Padre. El autor vuelve a indicar que Jesús amaba a todos los miembros de esta pequeña familia. No importa cuan pequeños seamos, Jesús nos ama. El Señor no se puso ansioso, no se desesperó ni angustió. Al contrario, confiado en que tenía control sobre la situación, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. ¿Qué desilusión para los mensajeros? Posiblemente, ellos esperaban que Jesús saliera corriendo para la casa de Lázaro, sin embargo, decidió quedarse dos días más donde estaba. Son muchas las instancias donde lo que esperamos que Dios haga no es lo que él entiende que debe hacer; puesto que no es lo mejor. Hay situaciones que nos producen mucha tristeza y quizás angustia, sin embargo son para la gloria de Dios. Tenemos que aprender a confiar en que Dios tiene cuidado de nosotros y que a su debido tiempo intervendrá y proveerá para resolver la situación difícil en la que nos encontremos.
Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; y me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él. (versos 11-15).
Pasados los dos días, Jesús decide ir a la casa de Lázaro. En este momento ya Lázaro ha muerto y Jesús dice a los apóstoles que va a despertarlo. En este contexto Jesús no se refiere al sueño sino a la muerte física; donde el alma se separa del cuerpo físico. Jesús dice a los apóstoles que se alegra por ellos, de no haber estado cuando Lázaro convalecía. ¿En que sentido se alegra por ellos? Si hubiese estado allí, lo habría sanado y Lázaro no habría muerto. Este milagro de sanidad no les habría impactado mucho puesto que sería uno más de los que ya había realizado. Sin embargo, levantarlo de su tumba, cuatro días después de muerto, haría un huella inolvidable en la vida de los que presenciaron el evento y en especial en la vida de los discípulos. ¿Quién es este que ni aún la muerte lo puede detener? La resurrección de Lázaro sería un evento que solidificaría la fe de los apóstoles; evento que apuntaría hacia la realidad de que Jesús es el Hijo de Dios.
Vino, pues, Jesús, y halló que hacía ya cuatro días que Lázaro estaba en el sepulcro. Betania estaba cerca de Jerusalén, como a quince estadios; y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, para consolarlas por su hermano. Entonces Marta, cuando oyó que Jesús venía, salió a encontrarle; pero María se quedó en casa. Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto. Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará. (versos 17-22)
La casa estaba llena de gente puesto que todos amaban mucho a esta familia. Marta sale al encuentro del Maestro y le dice “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Posiblemente, algunas personas pensaron que había llegado muy tarde. El cuerpo de Lázaro había iniciado su proceso de descomposición. Pero, ¿llegó tarde el Señor? La respuesta es simple y sencilla, no. Él estuvo y estaba con la familia en todo el proceso de la enfermedad y muerte de Lázaro. Por esta razón, cuando le fueron a dar la noticia, el dijo, “No es de muerte sino para la gloria de Dios”. ¿Cuántas veces hemos llegado a pensar que no está? Sin embargo, nos está guiando paso a paso. Marta reconoce que si Jesús hubiese estado presente físicamente, Lázaro no habría muerto. Luego declara con toda seguridad “pero aún así estoy convencida de que todo lo que le pidas a Dios te será concedido”. Que convicción profunda tiene esta mujer.
Jesús le dijo: Tu hermano resucitará. Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? Le dijo: Sí, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. (versos 23-27)
En Juan 5:29, el apóstol indica que hay dos resurrecciones; “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida (primera resurrección); mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (segunda resurrección)”. La primera resurrección comienza en el rapto de la iglesia y termina al final de la gran tribulación. La segunda resurrección ocurre al final del milenio, donde los que no creyeron a la verdad, serán separados de Dios por toda la eternidad. Jesús dice a Marta, no me refiero a la primera resurrección, me refiero a que “Yo soy la vida” y por tanto, él resucitará ahora, porque así lo deseo. Ningún ser humano ha dicho cosa semejante, sólo el Hijo de Dios tiene autoridad para hacerlo. Varios escritores, entre ellos C.S. Lewis, han señalado que para hacer declaraciones como la anterior, y de hecho hizo muchas de este tipo; Jesús tenía que ser el Hijo de Dios, de lo contrario, sería un mentiroso, un manipulador y por consiguiente un mal maestro. Sin embargo, su nacimiento sobrenatural, su ejecutoria perfecta durante sus 33 años de vida y su resurrección de entre los muertos indica que él es en verdad el Hijo de Dios. Luego el Señor hace una promesa para nosotros “todo el que vive y cree en mí, no morirá eternamente.” Esta es la promesa de vida eterna que Dios nos ha hecho. Jesús le pregunta ¿lo crees? Y ella le contesta, sí tú eres el Hijo de Dios.
Jesús todavía no había entrado en la aldea, sino que estaba en el lugar donde Marta le había encontrado. Entonces los judíos que estaban en casa con ella y la consolaban, cuando vieron que María se había levantado de prisa y había salido, la siguieron, diciendo: Va al sepulcro a llorar allí. María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. Jesús lloró. Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba. (versos 30-36)
Marta avisa a María, y ésta fue a ver al Maestro que todavía no había entrado a la aldea. Y cuando llegó a donde estaba se arrodilló llorando y dijo “Señor si hubieras estado aquí mi hermano no habría muerto.” Ambas, Marta y María estaban convencidas de que si Jesús hubiese estado con ellos, Lázaro no habría muerto. Esta familia estaba convencida de que Jesús sanaba a los enfermos, no importa cuán compleja fuera la enfermedad. Cuando Jesús vio llorando a María, junto a los judíos que vinieron con ella, que también lloraban, se conmovió profundamente en el espíritu, se entristeció y lloró. Las lágrimas de Jesús fueron reconocidas como fruto del amor que tenía por la familia y por Lázaro. El Maestro ama a sus discípulos y se entristece cuando los ve sufrir como en esta ocasión.
Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos al ciego, haber hecho también que Lázaro no muriera? Jesús, profundamente conmovido otra vez, vino al sepulcro. Era una cueva, y tenía una piedra puesta encima. Dijo Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había muerto, le dijo: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días. Jesús le dijo: ¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios? Entonces quitaron la piedra de donde había sido puesto el muerto. Y Jesús, alzando los ojos a lo alto, dijo: Padre, gracias te doy por haberme oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que está alrededor, para que crean que tú me has enviado. Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir. Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. (versos 37-46)
La gente decía ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, haber evitado también que Lázaro muriera? Claro que sí, esa fue la posición que sostuvieron Marta y María. Jesús dijo: Quitad la piedra. Marta, hermana del que había muerto, le dijo: Señor, ya hiede, porque hace cuatro días que murió. Esta declaración se puede interpretar como que en el momento de la verdad, Marta tuvo duda. Jesús le dijo: ¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Jesús no la trata con reproches, por el contrario, le recuerda lo que ya le había dicho, si crees en mí verás la gloria de Dios. Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído. Yo sabía que siempre me oyes; pero lo dije por causa de la multitud que me rodea, para que crean que tú me has enviado. Jesús no tenía que decir nada, sólo tenía que ordenar; Lázaro ven fuera. Sin embargo, conociendo la debilidad de los presentes, habló al Padre para recordarles que fue él quién lo envió y por consiguiente, siempre lo escucha y apoya.
Jesús siempre llega en el momento adecuado para edificar y aumentar la fe, no de unos cuántos, sino la de muchos. “Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él.”

Puede parecer extraño pensar en la comodidad como algo enorme, algo que nos atormenta y perjudica nuestras vidas. Todos deseamos brindar un entorno seguro a nuestra familia. Nos gusta relajarnos al final del día, descalzos, viendo un programa entretenido en la televisión. Nos gusta que nuestras vidas sean ordenadas, no caóticas. Ninguna de estas cosas es mortal en sí misma. El problema surge solo cuando el deseo de seguridad se convierte en el tema dominante de nuestras vidas. En la historia de David y Goliat, vemos cómo este deseo paralizó a la nación de Israel. Los israelitas lanzaban su grito de guerra cada día. Se equipaban y se dirigían al frente. Contaban con la protección de Dios. Pero durante cuarenta días, la tentación de la comodidad les impidió avanzar. Goliat salía cada mañana, y los israelitas decían: «Hoy no. Es demasiado peligroso. Quedémonos en las tiendas, donde estamos a salvo». Lo que falta en la historia es que David llegó y logró en un solo día lo que el ejército de Israel no había podido hacer en mes y medio. Todos los días habían estado vacilando. Todos los días su comodidad los había frenado. Todos los días el gigante seguía acercándose y acercándose. Entonces apareció David y dijo: «Esto es una locura. Esto se acaba hoy». Dios quiere que tú también veas más allá de la comodidad y reconozcas que hay algo de trascendencia eterna contra lo que debes luchar. Te llama a un propósito mayor que el que la mera comodidad puede ofrecer. Quiere darte verdadera influencia. Quiere que camines por sendas de justicia por amor a su nombre. Quiere que actúes en obediencia a su voluntad. Hoy te invita a prepararte, unirte a su llamado a la batalla y enfrentar al enemigo. Alcanzar la victoria sobre la comodidad implica responder a este llamado. Significa negarse a esperar a que todo se alinee antes de actuar. Significa estar dispuesto a ir en una dirección que al principio no nos resulte familiar. Significa comprender que lo más importante es actuar con la fuerza de Dios, no con la nuestra. En cuanto lo entiendas, estarás listo para la batalla. Estarás listo para ser testigo de la liberación de Dios. Recuerda que la fe florece en la incomodidad. La cruz le causó dolor a Jesús al mismo tiempo que te trajo libertad. A menudo es fácil quedarse de brazos cruzados y decidir seguir el ejemplo de la vida de otra persona, dejar que alguien más, que ha sido «llamado», corra el riesgo. Pero la realidad es que Dios no nos ha llamado a ninguno de nosotros a evitar los peligros de un mundo perdido y moribundo. En cambio, nos ha llamado a entrar en él con la espada del Espíritu en nuestras manos. Él quiere que digamos: «Debemos cumplir pronto las tareas que nos ha encomendado el que nos envió. Viene la noche, y entonces nadie podrá trabajar» (Juan 9:4 NTV). Tu vida en esta tierra es corta... pero Dios es grande. Así que concéntrate en asuntos de importancia eterna mientras estés aquí. Vives en un planeta con miles de millones de personas que nunca han oído hablar de Jesús. Como seguidor de Cristo, tienes la esperanza. Tienes la verdad. Tienes la vida. Tienes a Jesús. Eso es lo que importa: dar a conocer a Jesús. ¡Así que lánzate a la lucha en el nombre de Jesús! Responder En una escala del 0 al 5, ¿qué importancia tiene la comodidad para usted? ¿Por qué respondió de esa manera? ¿Cómo se manifiesta su deseo de comodidad en su vida diaria? ¿Identificas alguna área en la que tu deseo de comodidad esté limitando lo que podrías hacer por Dios? Si es así, ¿cuáles son esas áreas? ¿Cómo te sentirías si salieras de tu zona de confort para servir a Dios de alguna manera? ¿Qué opinas al respecto? ¿Cómo puedes proclamar a Jesús con tu vida?

David era apenas un adolescente cuando llegó a la batalla entre los israelitas y los filisteos. No pertenecía al ejército, sino que simplemente llevaba provisiones a sus hermanos. Al llegar al campamento, oyó las burlas de Goliat y preguntó quién iba a derrotarlo. A su hermano no le gustó su curiosidad. Nótese el texto: «Cuando Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres, se enfureció y le preguntó: “¿Por qué has bajado aquí?”» (1 Samuel 17:28). Esta respuesta no sorprende si conocemos el resto de la historia. En 1 Samuel 16, leemos que cuando el profeta Samuel fue a casa de Jesé para ungir a un nuevo rey para Israel, Jesé comenzó con el mayor, Eliab. Eliab era el más grande, el mayor y el más fuerte de los hermanos. Sin duda, él iba a ser el nuevo rey. Pero Dios dijo: «No. Él no». Sin duda, Eliab se sintió despreciado. El sistema parecía estar al revés. No fue elegido rey. En cambio, lo fue el hermano menor, el niño que ni siquiera estaba en la lista. Eliab se sintió rechazado, y los rechazados rechazan a otros. A nadie le gusta sentir que no es lo suficientemente bueno, inteligente o deseado. Aunque quisiéramos que no fuera así, la opinión de los demás importa. Una palabra de rechazo, incluso una pequeña que no pretendía herirnos, puede quedar grabada y doler. Una pequeña semilla de rechazo puede echar raíces y causar estragos en el futuro. Pronto olvidamos que Dios nos creó milagrosamente con un propósito y un plan. Olvidamos que no nos pide que nos comparemos con los demás ni que corramos la carrera de otro. Perdemos de vista nuestro milagroso comienzo y nuestra recreación en la persona de Cristo. Pronto nos encontramos atormentados por este gigante del rechazo. Experimentar la victoria de Jesús sobre el gigante del rechazo proviene de verte como te ve tu Padre celestial: como su hijo amado. Como escribió Pablo: «Si somos hijos, también somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos con él para que también seamos glorificados con él» (Romanos 8:17). Dios no te aceptó por nada que hubieras hecho, sino simplemente porque te amó (véase 1 Juan 4:19). Es más, Dios te amó tanto que estuvo dispuesto a pagar un precio altísimo para acercarte a él: la muerte de su propio Hijo, Jesús, en la cruz. Imagina que Jesús te susurra hoy al oído: «Te amo muchísimo. ¡Ya estoy complacido contigo!». Puede parecer increíble pensar que el Dios del cielo, el creador del universo, te conoce tan personalmente. Muchos nos asustamos cuando recibimos treinta «me gusta» en una publicación en redes sociales. Sin embargo, el Dios del universo se acuerda de ti (véase el Salmo 8). Él te ha buscado (véase Lucas 15:3-7). Antes incluso de que fueras concebido, Dios dejó constancia de que te elijo como mío. Esta verdad debería cultivar en ti un sentimiento de aceptación. Tu valor no reside en tus logros, sino en el hecho de que Jesús fue entregado por ti. Fuiste creado para ser aceptado y amado por tu Padre celestial. Fuiste creado para ser amado, de forma gratuita. Vives de su aceptación, no para la de los demás. Al comprender esto, el gigante del rechazo caerá sobre tu vida. Responder ¿Qué razones tienes para sentirte profundamente aceptado por Dios? ¿Cuáles de ellas ya están presentes en tus pensamientos? ¿Cuáles no? ¿En qué sentido puedes decir: «Dios me eligió»? ¿Qué significa esto para ti? ¿Por qué es tan importante? ¿Cuál es la diferencia entre vivir para ser aceptado y vivir desde la aceptación? ¿Cómo puedes poner esto en práctica?

Al leer la historia de David y Goliat en la Biblia, una de las primeras cosas que se observa es que el ejército israelita estaba «consternado y aterrorizado» por el gigante (1 Samuel 17:11). Goliat comenzaba cada día con burlas y lo terminaba con burlas. Con el paso del tiempo, todo ese desmoralizador y humillante afectó a los israelitas. Comenzaron a creer que, a pesar de sus mejores esfuerzos, algo indeseable les iba a suceder: su derrota. Básicamente, esta es la definición de miedo: la creencia de que hay algo ahí fuera que te va a hacer daño y que no puedes evitar. Este miedo puede manifestarse de muchas maneras: ansiedad, nerviosismo, preocupación, estrés, pavor, desesperanza, pánico, entre otras, y puede surgir de diversas fuentes. Quizás experimentas miedo como resultado del entorno en el que te criaste. Tal vez tu familia veía la vida como una gran amenaza constante. En cualquier momento, algo podía salir mal... y probablemente saldría mal. O tal vez experimentas miedo al intentar ocultar errores e imperfecciones en tu vida. Te avergüenzas de algo que hiciste en el pasado y te preocupa que algún día se haga público y salga a la luz. O tal vez experimentas miedo al intentar controlar demasiadas cosas en tu vida. Te has dado cuenta de que la mayoría de las cosas en la vida escapan a tu control, y esto te genera temor sobre lo que sucederá en el futuro. El gigante del miedo puede afianzarse en tu vida y comenzar a dominarte. Puede desmoralizarte y, en última instancia, disminuir la gloria de Dios en tu vida. Puede consumirte, erosionar tu confianza, robarte el sueño, cegarte y arrebatarte la alabanza a Dios. El miedo es un gigante implacable. Y es uno que debe caer por el poder de Jesús. La solución para enfrentar al gigante del miedo no es la determinación, sino la fe en Jesús. No se trata tanto de decir: «Miedo, vete», sino de confesar: «Tengo la certeza de que Jesús es más grande que este gigante y ya lo ha vencido». En Romanos 10:17, Pablo afirma: «La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (NVI). Cuando ves y oyes a Dios en y a través de su Palabra, esta te permite ver y oír que Él es más grande que tu gigante. Esto fortalece tu fe, y tu fe, a su vez, se convierte en la piedra que silencia al gigante que ya ha sido vencido. Hoy, identifica la fuente de tu temor y ponla en manos de Jesús. Recuerda que para Dios todo es posible (Mateo 19:26) y que Él puede vencer este gran obstáculo. Recuerda que Jesús prometió estar siempre contigo (Hebreos 13:5). Nombra lo que te quita el sueño y encomienda esas preocupaciones a Aquel que prometió cuidarte (1 Pedro 5:7). Luego, llena tu boca de alabanza porque ves el poder de Dios, reconoces su amor por ti y sabes que siempre te ayudará. Su misericordia nunca falla (Lamentaciones 3:22). Al hacer esto, aunque la causa de tu miedo no desaparezca, estarás relegando activamente el miedo a su lugar correspondiente: en las manos de Cristo. Responder Lo opuesto al miedo no es el coraje, sino la fe. ¿Qué implica la fe en Jesús cuando te enfrentas al gigante del miedo? ¿Qué necesitas creer? ¿Qué necesitas hacer? ¿Qué te ayuda a convencerte de que Dios es más grande que tus miedos y ha vencido todo aquello que temes? ¿Qué papel desempeñan la alabanza y la adoración para afrontar el miedo? ¿Por qué son tan importantes?

Un intento de atentado contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ocurrido durante el fin de semana, encendió las alertas de seguridad en el país tras registrarse un incidente armado en el marco de la tradicional Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. De acuerdo con reportes preliminares, un individuo armado intentó acercarse a una zona restringida del evento, donde se encontraban altos funcionarios del gobierno. Elementos del Servicio Secreto de Estados Unidos actuaron de inmediato, logrando neutralizar la amenaza antes de que pudiera concretarse un ataque directo contra el mandatario. Durante el operativo se reportaron detonaciones y un agente resultó herido, aunque fuera de peligro. El presidente fue evacuado como medida preventiva y trasladado a una zona segura, sin sufrir lesiones. Las primeras investigaciones apuntan a que el atacante habría actuado por motivaciones políticas, y autoridades federales ya analizan posibles vínculos, así como comunicaciones previas que podrían haber anticipado el intento de agresión. El sospechoso enfrenta cargos graves, entre ellos tentativa de asesinato de un presidente de Estados Unidos, lo que podría derivar en una condena de cadena perpetua. Tras el incidente, el gobierno federal anunció una revisión inmediata de los protocolos de seguridad en eventos oficiales, mientras líderes políticos de distintos sectores condenaron el hecho y llamaron a reducir el clima de polarización. Este suceso reaviva el debate sobre la seguridad de figuras públicas en Estados Unidos y el aumento de la violencia política en el país.

La épica historia de David y Goliat es una de las más conocidas de la Biblia. A un lado del valle de Elah se encuentra el ejército filisteo, con su campeón de casi tres metros de altura llamado Goliat. Al otro lado del valle se halla el ejército israelita, acobardado bajo el mando de su rey Saúl. Durante cuarenta días, Goliat ha estado provocando a los israelitas y manteniéndolos bajo el dominio del miedo. Día tras día los ha desafiado a enviar a un soldado para enfrentarlo cara a cara. Pero hasta ahora, nadie se ha ofrecido voluntario. Quizás te identifiques con la difícil situación de los israelitas. Una especie de gigante se alza ante ti, burlándose de ti, acosándote e insultándote. Tal vez sea el miedo. Tal vez sea la ira. Tal vez sea un sentimiento de rechazo. Tal vez sea el astuto pero demasiado familiar gigante de la comodidad que te obliga a vivir por algo inferior. Incluso podría ser una adicción. Sea cual sea ese obstáculo en tu vida, día tras día te ha estado robando poder. Has intentado detener las burlas, pero te sientes inmovilizado. Retenido. Paralizado, incapaz de avanzar. En definitiva, sabes que no estás viviendo la plenitud y la libertad que Dios tiene reservadas para ti. La buena noticia es que Dios ha preparado el camino para que estos gigantes caigan. Todo comienza con creer que, aunque el gigante contra el que luchas sea grande, no es más grande que Jesús. De hecho, Él ya ha vencido a los gigantes de tu vida. Cuando vino a la tierra, sufrió el infierno por ti en la cruz y resucitó de entre los muertos para que pudieras liberarte de la perspectiva de una vida condenada. Vino para liberarte de los gigantes que se alzan contra ti y te paralizan de miedo. Jesús ya ha vencido al enemigo. Sin embargo, como leemos en 1 Pedro 5:8, el diablo todavía anda al acecho, buscando a quién devorar. En muchos sentidos, es como una serpiente sin cabeza. Al matar una serpiente, hay que asegurarse de enterrar su cabeza, porque incluso después de muerta, la serpiente conserva una dosis letal de veneno en sus colmillos. Si pisas la cabeza de una serpiente muerta, aún puedes envenenarte. De la misma manera, aunque Jesús quebrantó el poder de Satanás en la cruz, él todavía puede inyectar su veneno mortal en nuestras vidas. Está muerto, pero sigue siendo mortal. El objetivo, como veremos en este estudio, es no pisotear la cabeza de la serpiente. En términos prácticos, esto significa resistir al diablo (véase Santiago 4:7), equiparnos con las defensas que Jesús nos ha dado (véase Efesios 6:10-18) y confiar en su suficiencia (véase Proverbios 3:5). Significa recordar que él es nuestro David en la parábola, y que jamás podremos derribar gigantes con nuestro propio valor, fuerza de voluntad o esfuerzo. Siempre es Jesús quien derriba al gigante. Si de verdad deseas vencer a los gigantes de tu vida, necesitas comprender tu dependencia de la suficiencia absoluta de Jesucristo. La victoria radica en confiar en Cristo, no en intentar triunfar por tus propios medios. Para dar el primer paso contra tu enemigo, que aunque muerto sigue siendo mortal, debes cambiar tu perspectiva. Cristo es la única fuerza que trae el cambio. Responder ¿Cómo reaccionas ante la idea de que Jesús, y no tú, es el David que ha vencido al gigante en tu vida? ¿Qué implicaciones tiene esto para tu forma de vivir? Jesús vino a la tierra para aplastar el poder del pecado y la muerte, y ya ha vencido al enemigo. ¿Qué diferencia supone esto en tu perspectiva sobre el gigante que hay en tu vida? ¿De qué maneras te acercas a Jesús para no pisar la cabeza venenosa de tu enemigo derrotado?

"Pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad». Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, paraque el poder de Cristo se muestre en mí" (2 Corintios 12:9). Como toda persona con esta condición hay días donde entiendo perfectamente a lo que Pablo se refería cuando hablaba de su aguijón. Pablo decía que Dios le había dado un aguijón que le causaba dolor, pero le hacía recordar que ninguna capacidad que tenía se atribuía a su mérito. La capacidad provenía de Dios. El mismo Pablo relataba como en sus oraciones rogó a Dios que haga la obra, pero Dios no quiso quitar su aguijón. Todos luchamos con limitaciones. En mi caso, hay días donde los sonidos duelen y siento que taladran mi cerebro. Hay noches donde despierto más de tres veces sin poder dormir por mis alteraciones en el sueño. Hay momentos donde no discierno mis emociones, ya que las dificultades del autismo están en la comunicación y la interpretación de mis sentimientos. Y también tengo crisis como cualquier otro autista. Sin embargo, en otras ocasiones me sorprendo cuando hablo delante de decenas de personas. Allí pienso en los imposibles que se vuelven posibles con Dios. Es por eso que soy una agradecida a Dios. Es mi aguijón el que me recuerda quién soy y a quién pertenezco. Soy consciente que podrían leer este plan padres o cercanos de un autista no hablante y quizá se sientan desanimados, pero quiero dejarles un claro ejemplo de la Biblia: Moisés. El mismo Moisés creyó como impedimento su limitación en el habla y Dios dejo en claro que no era impedimento para usarlo. Moisés al igual que Pablo se bastó en la gracia de Dios. Anhelo que tú como padre puedas hacer lo mismo. Cree en Dios y en la infinita creatividad de Él para usar a quienes ama de las maneras menos imaginadas. Su magnífico poder se perfecciona en nuestras limitaciones. Solo basta Él, nada más que Él y todo, absolutamente todo es posible. Oremos juntos: Dios te agradezco por todo. Cada detalle que has puesto en mi vida refleja tu poder. Te son conocidas mis limitaciones y debilidades y no te son de impedimento. Úsame, no pondré excusas. Solo tu presencia basta en mi vida para llevar a cabo aquello que gestaste como propósito en mí. Amén.

"Yo le contestaría: - Amigo mío, tú no eres nadie para cuestionar las decisiones deDios - La olla de barro no puede quejarse con el que la hizo, de haberle dado esaforma. El alfarero puede hacer con el barro lo que quiera"(Romanos 9:19-21). Luego de tener que asimilar dos diagnósticos, el de mi hijo y el mío, hubo momentos donde le preguntaba a Dios: "¿Por qué soy diferente?". En ese proceso escuche infinidad de consejos, cuestionamientos y frases como "No aceptes el diagnóstico". Pero en mi intimidad Dios decía lo opuesto y me hablaba de su soberanía ¿Qué es la soberanía de Dios? Es el total gobierno y control de Dios sobre todas las cosas. El autismo no es una enfermedad, es una condición neurológica. Se nace siendo autista porque mi cerebro está programado de una manera diferente al cerebro "típico" del ser humano. La pregunta es, ¿cómo a un Dios soberano se le podría escapar que yo nazca con una condición así? ¿Será que estaba distraído y el diablo hizo lo suyo? Es cómico llegar a pensar que Dios no estuvo en el asunto. Después de tiempo y largas conversaciones con Él he llegado a aceptar que así lo quiso. Necesitaba que una persona como yo llegue a otros en la misma situación. Me necesitaba para asesorar a madres y padres con las crisis o trámites de sus hijos. Dios sabía lo que hacía cuando me daba forma con sus manos como también sabe lo que hará con la vida de tu hijo o la tuya, no es casualidad que estés leyéndome. Aprendí con Él, que nada es casualidad, aun lo más mínimo conecta con lo importante. Le pido a Papá cada día que te enseñe a ver con sus ojos lo esencial. Que puedas derribar esos argumentos de exigencia que nos enseñaron presentando a Dios como nuestra fábrica de soluciones. Que puedas comprender que hay cosas que Dios no desea hacer y no por eso es malo. Dios es soberano. Su voluntad es buena, agradable y perfecta. Debemos aprender a morir a nuestra voluntad y aceptar la suya por muy irracional que parezca. Oremos Juntos: Papito lindo, cuán dulces son tus palabras. Me has enseñado sobre aceptar tu voluntad y no por mero capricho. Lo has hecho porque al aceptarla me acepto a mí y a los que me rodean. Aprendo a apreciar desde tu perspectiva lo que antes invalidaba. Abre mi mente Papá, quiero obedecer al destino que trazaste para mí. Te amo un poco más que ayer. Amén.

Cada 23 de abril se celebra el Día Mundial del Libro, una fecha que resalta el poder de la lectura como herramienta de conocimiento, inspiración y cambio. En este contexto, la Biblia destaca como el libro más vendido e influyente de toda la historia, con un estimado de entre 5,000 y 7,000 millones de copias distribuidas en todo el mundo. Más allá de las cifras, la Biblia ha sido una guía espiritual para millones de personas, llevando un mensaje de fe, esperanza y transformación que ha trascendido generaciones, culturas e idiomas. Traducida a más de 3,000 lenguas, continúa siendo una fuente de inspiración viva que impacta vidas diariamente. En este Día Mundial del Libro, se invita a reflexionar sobre el valor de la lectura y, especialmente, a redescubrir el poder de la Palabra de Dios como una luz en el camino.

"Jesús les dijo a los judíos que habían creído en él: Si ustedes obedecen mis enseñanzas, serán verdaderamente mis discípulos; y conocerán la verdad y la verdad los hará libres" (Juan 8:31-32). Como familia estábamos atravesando el diagnóstico de mi hijo Noah. Solía preguntarle a Dios: “¿Por qué a nosotros?". Podía oír la voz de Dios diciéndome: "¡Es parte del propósito!". Pero era evidente que yo no entendía sus planes. Cada día que observaba a mi hijo me sentía más identificada con él. Sus reacciones impulsivas eran iguales a las mías, su sinceridad, sus ojos evitando el contacto con el otro, su intolerancia a ciertas texturas, su rigidez a la hora de cambiar las rutinas, entre otras cosas. Con su neuróloga hablamos muy superficialmente que yo podía estar dentro del espectro autista, pero lo descarte al instante. "¡Es imposible!", me dije a mí misma. Sin embargo, un día al llegar a casa de una reunión en donde, como de costumbre, me sentí excluida. Me encerré en mi habitación y clamé: "Señor si realmente me amas guíame a la verdad o voy a quitarme la vida". Espero puedas comprender el dolor en mi corazón, la soledad que ahogaba mi alma y la falta de identidad que arrastraba intentando ser alguien que no era para agradar al resto. Ese mismo día, llegó a mí un video de una joven autista hablando sobre su diagnóstico, en ese mismo instante fue como si una venda cayera de mis ojos y pude discernir que esa era mi verdad. Sin esperar emprendí marcha a evaluarme con profesionales. Recuerdo como si fuese ayer cuando recibí mi diagnóstico. Tenía muchas dudas y temor de haber dicho algo que Dios no respaldaba. Era de esperar que lo cuestionen: "¿Cómo Dios va a decirte que sos autista?", decían mis conocidos. Pero no olvidaré jamás la expresión de amor de esa profesional diciendo: "Estás en el espectro, esta es tu verdad", sin saber siquiera que Dios estaba usando su boca para reafirmarme, sanarme y quitar kilos de culpa, dolor y rechazo con los que había cargado toda mi vida. Querido hermano tomamos con tanta liviandad el decir que Cristo es la verdad porque no tenemos dimensión de lo poderoso que es. Cuando Jesús señala que la verdad es Él, nos está diciendo nada más y nada menos que la verdad acerca de quiénes somos solo podrá ser revelada a nosotros a través de él. A veces estamos tan afanosos por hacer, que se nos escapa lo más importante, quiénes somos. Nuestra identidad en Cristo. Esa misma que nos direcciona a nuestro verdadero propósito. Es esa verdad que sostenemos la que nos da confianza y no nos permite desenfocarnos. Es ella misma la que nos libera de las preguntas que antes no tenían respuesta dándole sentido a absolutamente todo lo que ya hemos atravesado en el camino. Oremos juntos: Jesús, no he sido consciente de lo poderosa que es tu verdad en mí. Eres un Dios que rompe estructuras. Rompe lo que impida tu fluir. Hazme de nuevo. Revélate a mí. Tú eres mi verdad. Enséñame quien soy en ti y así seré el diseño original que tú determinaste para mí y conoceré lo que es vivir en tu plena libertad. Te lo pido en tu hermoso nombre. Amén.




