
Antes de comenzar su ministerio público, Jesús voluntariamente se adentró en el desierto durante cuarenta días para estar solo. Este tiempo lo preparó para resistir las tentaciones del diablo y responder al llamado que Dios tenía para él. Crear hábitos espirituales saludables puede ayudarnos a hacer lo mismo.
A medida que continúes acercándote a Dios todos los días durante la Cuaresma, lo que practiques durante este tiempo comenzará a convertirse en una parte natural de tus ritmos diarios y semanales.
Y a medida que se conviertan en ritmos naturales, empezarás a descubrir que tu vida cambia porque los practicas. Estás creando espacio para que Dios transforme tu corazón y su gloria se muestre a través de ti a un mundo cansado y necesitado de esperanza y un Salvador.
Pero al practicar estas cosas, recuerden que los hábitos espirituales en sí mismos no son el objetivo final. El objetivo es tener una intimidad más profunda con Dios. La Palabra de Dios deja claro que la obediencia es mejor que el sacrificio. Esto significa que cuando sacrificamos algo , debe ser desde una posición de humilde entrega, no desde un sentido de obligación a medias. De la misma manera, los hábitos espirituales añaden valor cuando reflejan una obediencia basada en el amor de Dios.
Así que, al prepararte para el Domingo de Resurrección, recuerda que Dios no espera que crezcas espiritualmente por tu cuenta. Permítete presentarte imperfectamente ante Él, porque es el poder de Dios el que se perfecciona en tu debilidad.








