Hábitos espirituales: Quietud

Imagina que estás solo en una colina. Un arroyo fluye a tu lado mientras los pájaros cantan alegremente sobre ti. El sol te da en la cara mientras sopla una suave brisa. Todo parece tranquilo y silencioso, pero tu mente está repasando una lista de tareas que has dejado sin hacer, problemas que no puedes resolver y quebrantos que no puedes arreglar. Aunque estás en un lugar tranquilo, el sonido de tus propios pensamientos te impide disfrutar de lo que sucede a tu alrededor
¿Qué haría falta para que usted hiciera una pausa, silenciara el ruido y se quedara quieto?
A través de la quietud, aprendemos a prestar atención a lo que Dios hace en nosotros y a nuestro alrededor. Pero la quietud es tanto activa como pasiva. Implica permitir que Dios reenfoque nuestra visión y afine nuestros oídos a su voz mientras le entregamos el sonido interior. Requiere entregarle nuestras preocupaciones, inquietudes y problemas a Dios mientras le permitimos que reenfoque nuestro corazón en él.
A medida que practicamos este hábito espiritual, estamos más equipados para dar gloria a Dios por Su poder obrando en nuestras vidas porque comenzamos a notar lo que Dios ya ha estado haciendo en nuestras vidas.
Paso de acción: Relájate unas horas esta semana y practica entregarle a Dios cualquier preocupación que te surja. No importa si tienes que hacerlo repetidamente por un tiempo. Simplemente aprovecha este tiempo para silenciar tu interior y adquirir el hábito de hacer espacio para escuchar la voz de Dios.








