La importancia del discernimiento

Existe un versículo que considero el termómetro definitivo de nuestra salud espiritual: Proverbios 4:23.
Este pasaje nos ordena guardar nuestro corazón con toda diligencia. ¿Por qué? Porque de él emana la vida. Todo lo que dices y haces, cada decisión que tomas y cada reacción que tienes ante las crisis, comienza como un pequeño pensamiento o una inclinación en ese espacio íntimo y profundo que llamamos corazón. Si el manantial está contaminado, el río de tu vida también lo estará.
Tu estado de ánimo más habitual —ya sea que te sientas ansioso, enojado, triste o alegre— es un indicador directo de la voz que estás alimentando en tu interior. Si te sientes constantemente abrumado, es muy probable que estés escuchando una voz que no es la de Dios, una frecuencia que genera estática en lugar de armonía.
Es vital descubrir cuál es la voz que está hablando para poder realizar el ajuste necesario en el dial de tu mente. Aunque es cierto que no siempre podemos elegir el primer pensamiento espontáneo que cruza nuestra mente como un relámpago, sí somos plenamente responsables de lo que decidimos hacer con él: si lo invitamos a sentarse a la mesa o si lo expulsamos de inmediato.
El discernimiento consiste en filtrar cada mensaje bajo una pregunta crítica: ¿Viene esto de la verdad o es un intruso que busca robar mi paz? Al vigilar la entrada de nuestro corazón, protegemos el flujo de nuestra vida de acabar contaminado por la amargura, el resentimiento o el temor paralizante.
Debemos ser como centinelas en una fortaleza, evaluando cada idea que intenta entrar. Como dice Filipenses 4:8, debemos enfocar nuestra mente en lo que es verdadero, noble y puro.
Tu corazón es el centro de mando de tu existencia; no dejes las puertas abiertas de par en par para que cualquier mensaje destructivo tome el control. Pide hoy sabiduría para discernir y realizar los ajustes necesarios antes de que una idea equivocada se traduzca en una acción dolorosa o en un hábito destructivo.
Padre, una de las manifestaciones de tu Espíritu es poder identificar lo que procede de ti, lo que no y qué hacer al respecto. Te pido que me des la sabiduría para detener las ideas que no te glorifican, y mantener limpio y lleno de vida mi corazón. En el nombre de Jesús, amén.






