El propósito por encima del rendimiento

“¿Acaso busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O trato de agradar a la gente? Si todavía tratara de agradar a la gente, no sería siervo de Cristo.” — Gálatas 1:10 (NVI)
En el deporte, la presión por el rendimiento es real. Los atletas a menudo sienten el peso de demostrar su valía: ganarse un puesto como titulares, impresionar a los entrenadores, silenciar a las críticas. Es fácil caer en la trampa del rendimiento, creyendo que tu valor se mide por las estadísticas, el tiempo de juego o la aprobación.
Pero aquí está la verdad: no tienes que probar lo que Dios ya ha declarado.
Pablo nos recuerda en Gálatas 1:10 que vivir para Dios significa dejar atrás la necesidad de aplausos humanos, incluso de entrenadores. Tu identidad no comienza con el rendimiento; comienza con un propósito. Y ese propósito se basa en ser elegido por Dios.
No puedes cumplir el propósito que Dios te dio si buscas la aprobación de los demás. Una cosa siempre anulará a la otra.
Sí, honra a tus entrenadores. Trabaja duro. Compite con excelencia. Pero no lo hagas para demostrar tu valía; hazlo porque tu valía ya está asegurada en Cristo.
Cuando juegas con libertad, tu motivación cambia. No te esfuerzas por conseguir aprobación. Compites desde la confianza, no desde la inseguridad. Esa libertad lo cambia todo: tu mentalidad, tu juego, tu influencia.
Ir:
• ¿De quién busco realmente la aprobación cuando compito?
• ¿Creo que mi valor está seguro en Cristo, independientemente de mi desempeño?
Con el tiempo:
Dios, ayúdame a competir con pasión, pero no con presión. Recuérdame que ya soy aprobado en ti. En el nombre de Jesús, amén.
La verdad para llevar:
No tienes que demostrar tu valor: Jesús ya lo hizo.








