Tres pasos para triunfar

Este pasaje, llamado por los teólogos el mini-evangelio, nos enseña acerca de tres herramientas fundamentales para alcanzar victoria:
La Sangre de Cristo
La proclamación de la Palabra de Dios
La humillación como herramienta para crecer.
Las batallas son parte de la vida. Desearíamos vivir sin tener que enfrentar conflictos o tensiones de ningún tipo, sin embargo, la vida no funciona así. Este mismo concepto, se aplica para la vida del cristiano. Jesús mismo advirtió a sus discípulos acerca de que en el mundo encontrarían aflicción, pero Él venció y la misma victoria podemos vivirla nosotros.
¿Cómo vencer frente a la adversidad?
La Sangre del Cordero, es una de nuestras armas más valiosas. No hay persona que pudiera estar en pie delante de Dios. Cada ser humano posee conductas a corregir, pensamientos a derribar y luchas espirituales a resolver. Es la sangre derramada en la cruz, el pago para nuestras faltas, la justificación a nuestros errores y la prueba de que somos propiedad de Dios. El infierno reconoce y teme esa sangre.
Por otro lado, la Palabra de Dios es nuestra espada. Declarada con fe, hace retroceder al mal y cambia la realidad de las cosas.
Creyentes que se despojan de su vanidad y orgullo, es decir que se humillan, poseen la actitud de dependencia necesaria, para que Dios se manifieste y obre. Creyentes humillados que se declaran dependientes de Dios, cubiertos por la Sangre del Cordero, declaran la Palabra de Dios y cambian la realidad de las cosas.








