Todo por la fama de Dios

1 Después de decir todo esto, Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: — Padre, ha llegado la hora. Glorifica a tu Hijo para que también tu Hijo te glorifique a ti. 2 Le has otorgado potestad sobre toda la humanidad para que dé vida eterna a todos los que tú le confiaste. 3 Y en esto consiste la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra habiendo llevado a cabo la obra que me encomendaste. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame junto a ti con aquella gloria que tuve contigo antes de que el mundo existiera.

Vivimos en una sociedad donde se valora de forma especial alcanzar la gloria y ser famoso. Incluso hemos creado nuestras propias “estrellas” de la fama, a las que admiramos, incluso tratamos de emular en algún momento.            

En el sermón del Monte Jesús enseñó a los discípulos la manera de orar y los motivos por los cuales orar, es decir, lo que ellos debían desear para sí mismos (Mat. 6:5–15). 

En la primera sección de este capítulo 17 del evangelio de Juan, Jesús expresa su más profundo deseo para sí mismo (vv. 1–5) esencialmente, el cumplimiento de la voluntad del Padre.

El tema principal de esta parte de la oración es la gloria.

El término gloria significa opinión, lo que yo pienso y lo que otros piensan de mí. Generalmente se usa para hablar de la buena fama de alguien. Hace referencia a la reputación, honra, y también al esplendor.

Para Jesús, la gloria de Dios es que la humanidad le conozca, “que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado”, y en la cruz reconocemos la gloria de Jesús y de Dios.

Hoy somos nosotros quienes hablamos de la gloria de Dios, somos la muestra de su fama y el buen nombre de Dios.

¿Qué nos motiva en la vida, nuestra fama o la fama de Dios y de Jesús?

Si vivimos separados de Él, posiblemente nuestra fama sea lo importante, si vivimos unidos a Él, su fama, su buen nombre será exaltado.

Oración.-

Jesús que tu fama sea lo primero. Señor necesitamos dejar a un lado nuestras prioridades personales y mirar a tu Reino. Ayúdanos a proclamarte en nuestro entorno. Gracias Jesús, por mostrarnos a través de tu vida lo realmente importante.
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