Seguir adelante

A veces sentimos que los demás no merecen nuestro perdón por lo que han dicho o hecho. Nos sentimos justificados al negarles el perdón, pero en verdad, sólo estamos almacenando más ira, amargura y tristeza. Perdonar a los demás realmente nos da la libertad de seguir adelante con nuestro dolor.

El hecho de que hayamos sido heridos en el pasado no significa que debamos dejar de lado a los demás o cerrar nuestro corazón. No debemos poner los pecados de las personas de nuestro pasado sobre aquellos a quienes conozcamos en el futuro. Esa vida limitada no es lo que Dios quiere para nosotros.

Cuando elegimos rendirnos a la voluntad de Dios para nuestras vidas y perdonar diariamente, podemos vivir cada día como un hijo restaurado de Dios. Podemos estar disponibles, comprometidos y ser transparentes con las personas de nuestra vida, sabiendo que Dios es nuestro protector infalible. Podemos vivir desde una identidad que proviene de lo que Cristo dice que somos, no de lo que otros dicen de nosotros.

En mi experiencia, las personas heridas hieren a otras personas. Cuando somos capaces de ver que quienes nos rodean también están heridos, no se convierten en nuestros enemigos sólo porque nos odian. Empezamos a reconocer que algo en su pasado les hace actuar por su dolor. Esto debería encender nuestra compasión, no nuestra ira. Al igual que nosotros, están heridos y necesitan perdón, sanación y restauración. 

Tenemos un enemigo muy real, pero no es la gente que nos ha herido. Es un enemigo espiritual que quiere destruir nuestra alegría, nuestra paz y nuestras relaciones. Incluso después de perdonar, tenemos que permanecer vigilantes. Nuestro enemigo hará todo lo posible para arrastrarnos de nuevo al dolor y causar destrucción en nuestras vidas. Debemos ponernos toda la armadura de Dios cada día y combatir las artimañas del enemigo perdonando a los demás como Cristo nos perdonó primero. 

Con la ayuda de Dios, podemos llegar a un lugar donde le confiamos completamente nuestro pasado y nuestro futuro. Él utiliza lo que ha sucedido en nuestras vidas para acercarnos más a Él. Fortalece nuestra fe hasta que sabemos que Él nos sanará de nuevo porque nos sanó antes, y le da a nuestro dolor un propósito al usarnos para alentar a alguien más. 

Cuando entregamos nuestro dolor y permitimos que Dios nos sane, podemos perdonar libremente a otros y estar agradecidos por cualquier cosa que ocurra porque sabemos que Él usará nuestra historia para su gloria. Estamos llamados a amar más y a perdonar más a medida que nos volvemos más como Jesús. 

Al terminar este Plan, comprométete a continuar con el duro trabajo de perdonar a los demás. Considera releer este Plan mientras confías en que Dios sanará tus heridas, una capa a la vez.

Oramos para que Dios use este Plan para ministrar tu corazón.
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