La gracia de Dios es favor

En la Biblia, la palabra gracia a menudo se traduce «favor». En Lucas 1:28 el ángel saludó a María diciendo: «Alégrate, favorecida de Dios. El Señor está contigo». También está diciendo: «Alégrate, muy llena de gracia de Dios. El Señor está contigo». El favor de María vino debido a que Dios la conocía y decidió traer a través de su vida su mayor tesoro: Jesús.

Es probable que María se sintiera insignificante y quizá hasta oprimida. Vivía en una aldea desconocida que menospreciaban las personas importantes de la sociedad judía. Estaba comprometida con un hombre que hoy en día se le conocería como un obrero de clase media: un carpintero. La patria de María vivía bajo la bota opresora de Roma.

Hasta el momento de la visita de Gabriel, María no se había dado cuenta del favor que tenía con Dios. Él la había estado observando y haciendo planes para bendecirla y exaltar su vida.

¿Deseas conocer el favor de Dios en tu vida? María lo conoció a través del anuncio del ángel. Sin embargo, a través de la Palabra, nosotras también podemos tener la seguridad de que la gracia de Dios está sobre nuestra vida. Por eso el apóstol Pablo comenzaba todas sus cartas con un saludo casi idéntico a: «Gracia y paz de nuestro Dios y Padre, y del Señor Jesucristo». ¡Gracia y paz son nuestro saludo celestial y nuestra seguridad constante! La gracia sobre la vida de María le permitió concebir y traer a Jesús al mundo. Este proceso milagroso tuvo lugar cuando el Espíritu Santo vino sobre ella y «el poder del Altísimo» la cubrió con su sombra (Lucas 1:35). De la misma manera, Dios nos favorece para que Jesús pueda vivir en nosotras, y nosotras también podamos mostrarle al mundo la vida de Jesús.

El conocimiento de que era favorecida sostuvo a María a través de muchas pruebas, amenazas y preocupaciones. Leemos que «guardaba» y «atesoraba» estas cosas en su corazón. Su vida no fue fácil ni exaltada. La gente dudó de su moral y de su integridad. Durante el último mes de embarazo tuvo que viajar 145 difíciles kilómetros al pueblo sobrepoblado de Belén. Ahí dio a luz a su primogénito, el Mesías, en un establo rodeado de animales, pues no había lugar en el mesón. Cuando el niño Jesús era pequeño aún, tuvo que huir a Egipto con su familia para escapar de la amenaza del asesino rey Herodes. Después de la muerte de Herodes, junto a su familia se estableció en Nazaret por causa de una nueva amenaza de parte del hijo de Herodes. María soportó todas estas circunstancias sabiendo que el favor de Dios estaba sobre ella.

Todos deseamos la seguridad del favor de Dios. Sin embargo, nuestras circunstancias nos pueden tentar a negar esta verdad radical. Sí, debemos luchar por reconocer el favor de Dios sobre nuestra vida cuando las circunstancias nos amenazan y nos dicen lo contrario. Si reconocemos el favor de Dios, ¡andaremos con propósito, sabiduría y victoria!

Oración

¡Gracias Señor porque hoy puedo ver tu favor en tantas áreas de mi vida! Te pido que en medio de mis dificultades, tu gracia me sostenga y tu Espíritu me dirija para siempre cumplir la voluntad del Padre. Amén.
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