Prepararse para avanzar

Imagínate entrar en un partido de la NFL sin estar preparado, sin la equipación o sin el entrenamiento adecuado, y encontrarte frente a J.J. Watt, que juega como defensa en el equipo Houston, Texas, corriendo hacia ti. ¿Cómo crees que vas a terminar? Algunos confiamos tanto en nuestra personalidad, habilidades y experiencia, que pensamos que podemos ir a la batalla sin estar preparados. Afortunadamente la vida nos enseña que se necesita preparación para tener éxito. Esta es una lección que todos aprendemos; a veces escuchando las historias de otras personas, y otras veces por nuestra propia experiencia.

La segunda verdad que podemos aprender de la historia de Josué es que tenemos que presentarnos a la batalla preparados para avanzar. Dios había prometido a Josué que pelearía por los israelitas. Después de recibir esta promesa, y de creer y confiar en Dios, Josué y su ejército se tomaron el tiempo de prepararse para la batalla. Sorprendieron al enemigo. Caminaron 40 kilómetros y tuvieron que ascender 1.200 metros, desde Gilgal hasta Gabaón. Tardaron toda la noche en prepararse para la batalla.

Esto nos lleva a preguntarnos: ¿cuántas veces nos presentamos a la batalla sin estar preparados? ¿Cuántas veces intentamos tomar los asuntos en nuestras propias manos antes de pasar tiempo a solas con Dios, orando o estudiando y meditando en la Palabra de Dios? Necesitamos tiempo de preparación para la batalla. Se necesita esfuerzo. No puedes enfrentar al enemigo sin preparación, a menos que quieras fallar y retroceder. Recuerda que en combate ganas o pierdes. No hay otra opción. Además, la Biblia advierte enérgicamente del problema de presentarse a la batalla sin estar preparados.

La batalla espiritual más importante que tuvo lugar en la tierra sucedió en Getsemaní la noche anterior a la crucifixión de Jesús. Jesús sabía que iba a enfrentar al enemigo en la cruz, y no se presentó a la batalla sin estar preparado. Sus discípulos, sin embargo, no oraron, y cuando fueron tentados en la batalla, pecaron. Jesús oró toda la noche. Lo hizo tan fervientemente que su sudor fue como gotas de sangre que caían al suelo. ¡Y era el Hijo de Dios! ¿Cuánto más necesitamos nosotros prepararnos para avanzar, si el Hijo de Dios oró antes de ir a la batalla por ti y por mí? Permite que esta verdad entre en tu vida. Seamos lo suficientemente humildes como para buscar el rostro del Señor antes de enfrentarnos a nuestros enemigos.

Pensamiento del día

Señor, ayúdanos a ser lo suficientemente humildes y sabios como para darnos cuenta de que necesitamos prepararnos antes de entrar en batalla. Primero, confiamos; luego, nos preparamos para avanzar.


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