El perdón primero

Ocho palabras. Si este plan de lectura te permite interiorizar estas ocho sencillas palabras, valdrá la pena. He pasado la mayor parte de mi vida escuchándolas, pero no experimentándolas plenamente ni viviéndolas a diario.
Las ocho palabras se encuentran en Juan 8:36: “A quien el Hijo libera, es verdaderamente libre”.
Entendí fácilmente las primeras palabras: gracias a que Jesucristo pagó el precio por mí en la cruz, soy libre del pecado y de la muerte. Fueron esas tres últimas palabras las que me costaron entender: «…es verdaderamente libre». En mi caso, no empecé a vivir en esa libertad de «verdad» hasta que aprendí las lecciones de este plan de lectura.
Primero, entendamos que ser “verdaderamente libres” comienza con el perdón.
Todos tenemos personas en nuestra vida que nos han lastimado verbal, emocional, física o incluso espiritualmente. Y ese dolor nos genera rencor: lo revivimos una y otra vez cuando recordamos el dolor o lo experimentamos de nuevo. En un mundo ideal, quien nos ofendió vendría a pedirnos perdón, pero eso podría no ocurrir nunca.
Para romper la atadura de este dolor en nuestras vidas, necesitamos liberarnos de la idea de desquitarnos, ya sea que se manifieste en nuestros pensamientos, palabras o acciones. El poder del Evangelio que compartimos proviene de saber que cada ofensa —la mía y la de los demás— ha sido pagada. Así, entregamos el dolor, los rencores y a la persona involucrada a Dios, y confiamos en que Él nos dará justicia y misericordia.
El perdón es el primer paso para vivir en libertad, porque la prioridad de Dios es tu corazón. Cuando tu corazón es recto, la vida en libertad llegará.
Entonces, ¿a quién en tu vida necesitas perdonar?
Oración
Cuando estés listo, haz esta oración: «Dios, perdono a (insertar nombre) y renuncio a mi derecho a vengarme de él. Te entrego el dolor y los rencores, y confío en tu voluntad de justicia y misericordia para su vida. Gracias, Jesús, por hacer lo mismo por mí. Amén».








