
La ceremonia de los Premios de la Academia de las Artes Cinematográficas Oscar vivió una de las incidencias más inesperadas por parte del comediante Chris Rock y el actor Will Smith, quien abofeteó al primero por un chiste sobre una condición que tiene su esposa, tras el incidente poco se habla del consejo que el actor Denzel Washington le dio a Smith acerca del tiempo que se vive actualmente.
Smith, quien fue el ganador al mejor actor este año por su papel en “King Richard”, vivió junto a su esposa, la actriz Jada Pinkett-Smith, un momento realmente incómodo cuando Rock en su papel como comediante y presentador de uno de los premios de la gala hizo un chiste sobre la calvicie que ella padece por una condición.
El chiste hacía referencia de manera irrespetuosa a la falta de cabello de Pinkett comparándolo con la película GI Jane en donde su protagonista se rapa la cabeza por ser militar, lo que para nada le hizo gracia a la actriz y lo que causó risa por unos segundos al público dejó sin habla a los presentes cuando Smith subió al escenario y abofeteó a Rock por lo que había dicho, dejando al comediante en un estado de shock.
La transmisión fue silenciada en inglés, pero otras televisoras conservaron el audio original en donde se escuchaba a Smith gritarle desde su silla a Rock “que mantuviera a su esposa fuera de su maldita boca”, mientras todos pensaban atónitos que era algo planeado cuando no lo fue.
Tras este incidente, el actor Denzel Washington se acercó a Smith en actitud pacificadora para ayudarlo a calmarse por el momento tan intenso que acababa de protagonizar; por supuesto, dichas imágenes no se conocieron a través de la televisión sino que se hicieron virales a través de las redes sociales como un noble gesto de parte del reconocido actor.
¿Que fue lo que hizo Denzel Washington?
En Twitter se leía como los comentarios de periodistas compartían una foto de Washington hablando con Smith y su esposa para que tratara de mantener la calma, aseguraban que una de las cosas que le compartía es que “no hiciera caso de ese tipo de comentarios mientras Smith se limpia las lágrimas”, mientras la gala estaba en una pausa comercial.
Asimismo, otros actores como Tyler Perry y Bradley Cooper llevaron hasta un sitio un poco apartado para también brindar consuelo y calma por el suceso; todos terminaban en un abrazo fraternal.
El consejo de Washington sobre el duro precio de la fama
Más tarde, cuando Smith fue anunciado como Mejor Actor por “King Richard”, película en donde interpretó al padre de las tenistas Venus y Serena Williams resaltando como hizo de la fe una constante para ayudar a sus hijas a alcanzar el éxito en el deporte, éste pidió disculpas por su actitud y expresó “que el amor lo lleva a hacer locuras”.
«Quiero disculparme con la Academia. Quiero disculparme con todos mis compañeros nominados. El arte imita a la vida. Parezco el padre loco, como decían de Richard Williams. Pero el amor te hará hacer locuras», dijo en parte de su discurso.
Allí, Smith resaltó un consejo que previamente Washington le compartió sobre el éxito y su alto precio en el mundo actual:
“Denzel Washington me lo acaba de decir. ‘Ojo, en el momento más importante de tu vida es cuando el diablo viene por tí’”, le contó a la audiencia.
La actitud de Washington ante este incidente está siendo aplaudida por muchos debido a que brindó un sabio consejo en un punto bastante intenso de la ceremonia que hizo reflexionar a Smith sobre lo que es la fama en Hollywood.
De igual manera, se conoce que Washington destaca siempre que puede su fe en público, para que todos conozcan la bondad y el poder de Dios obrando en la vida del actor, siendo una de las personalidades más respetadas en la industria del cine por su fe cristiana.
Al principio de su discurso, Smith hablaba sobre lo abrumado que se sentía por lo que Dios ha puesto en este momento de su vida, ya que asegura que ha sido llamado a amar, dar amor, cuidar y proteger tanto a su familia como a los demás.
¿Cuál es nuestra posición como cristianos?
Ahora, claramente no se justifica el uso de la violencia para hacer un alto a bromas o chistes que no sean del agrado de la persona, pero tampoco es bueno o justo que la condición o apariencia sea motivo de burlas y mucho más durante una audiencia como ésta reconocida entrega de premios, ya que la misma Jada Pinkett-Smith ha hablado abiertamente como la alopecia no le ha permitido tener una cabellera normal, por lo que ha optado por tener su cabeza rapada.
Estamos llamados a ser pacificadores, tolerantes, amables, tardíos para la ira, grandes en misericordia, respetuosos con nuestros semejantes y por encima de todo, perdonar y dar amor sin importar las circunstancias; esto que sucedió solo demuestra cómo cada vez más la humanidad necesita a Dios para la reconstrucción de los corazones de la sociedad y aprender a ver todo como el Señor lo hace siendo imitadores de Cristo, nuestro Salvador.
«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros» – Santiago 4:7

Cuando David se ofreció voluntario para luchar contra Goliat, el rey Saúl le dijo: «No eres capaz» (1 Samuel 17:33). Continuó explicando que David no era rival para el gigante porque había sido guerrero desde su juventud. Al no lograr convencer a David de que no luchara, Saúl intentó cubrirlo con su propia armadura. Quería que David se pusiera la armadura para que pareciera más fuerte y protegido de lo que realmente era. Hacemos lo mismo en nuestras propias vidas. Nos sentimos impotentes en un mundo roto y vulnerables, así que nos ponemos una armadura falsa y nos refugiamos en las adicciones. La triste realidad es que somos una generación adicta. Quizás no nos consideremos adictos, pero lo cierto es que la mayoría tenemos algo en nuestras vidas sin lo que sentimos que no podemos vivir, ya sea alcohol, relaciones, compras, logros, drogas, adrenalina o incluso redes sociales. Estamos esclavizados a eso y no podemos romper el hábito de recurrir a ello cuando sentimos que afloran nuestras vulnerabilidades. El gigante de la adicción puede robarte lo mejor que Dios tiene para ti. Puede llevarte por un camino sin fin hacia una promesa que nunca se cumplirá. Al final, te dominará, ridiculizándote y opacando la gloria de Dios en tu vida. Entonces, ¿cómo puedes experimentar la victoria de Jesús sobre este gigante? La clave está en ir más allá de los síntomas de la adicción y centrarse en la causa. Pregúntate: "¿Cuál es el origen del caos en mi vida? ¿Por qué me siento tan incapaz? ¿Por qué temo ser conocido? ¿De dónde viene el dolor?". Si no estás dispuesto a buscar la causa de tus problemas, la adicción no va a desaparecer. La mayoría de nosotros seguimos un patrón en el que, cuando nos sentimos vulnerables a un ataque, nos sentimos débiles. Esta debilidad, a su vez, nos impulsa a ocultarnos y a sobrellevar la situación. Y cuando intentamos ocultarnos y sobrellevar la situación, recurrimos a una adicción. Afortunadamente, hay una solución. En lugar de recurrir a una adicción cuando sientas la necesidad de ocultarte, acude a Jesús. Ten presente que, sea cual sea tu vulnerabilidad, Jesús no te rechazará. Te acepta en su amor y te llena de su vida. Él cambia tu debilidad por su fortaleza. Cuando eres vulnerable, Jesús es capaz. Quizás la mayor mentira al enfrentar tus adicciones sea creer que puedes librar la batalla solo, oculto a la vista. Recuerda siempre que la libertad se alcanza a la luz. Jesús es la Luz del Mundo, y obra con mayor poder en ti cuando expones tu fragilidad y dolor a la luz de su gracia. Eres libre en Cristo en el instante en que depositas tu confianza en él. Pero tal vez necesites el apoyo de quienes te rodean para desentrañar las capas de tu sufrimiento. Haz lo que sea necesario para construir una vida de apertura, honestidad y responsabilidad. Al final, David se negó a cubrirse con la armadura de Saúl. Dejó de lado todas las ataduras con las que Saúl intentaba agobiarlo y, en cambio, eligió confiar únicamente en el Señor. Salió a luchar contra el gigante armado solo con su honda, su vara y su Dios, y venció a Goliat. Este es el modelo para nuestra vida, y si buscamos fortaleza en Dios en nuestras vulnerabilidades, el gigante de la adicción caerá en nuestras vidas. Responder ¿Qué situaciones te tientan a crear una coraza para proteger tu vulnerabilidad? ¿Por qué resulta tan atractivo afrontar el dolor y la vulnerabilidad a través de una adicción? ¿Por qué suele ser tan difícil recurrir a Jesús en nuestra debilidad en lugar de a una adicción? ¿Por qué es fundamental hablar con personas de confianza sobre tu adicción y obtener su apoyo para liberarte? ¿Cómo saber si alguien es una persona de confianza a quien confiarle tu adicción? ¿Cuáles son las cualidades de una persona de confianza?

En la historia de David y Goliat, no vemos mucha ira por parte de David. Lo que sí vemos es mucha ira a su alrededor. Uno de ellos, como ya hemos visto, era su hermano mayor, quien «ardía de ira contra él» (1 Samuel 17:28). Eliab debería haber apoyado a David cuando llegó al campo de batalla. Pero la ira en su corazón llevaba tiempo latente, esperando la oportunidad de estallar. Y estalló. La ira no es necesariamente mala en sí misma. La Biblia revela que hay un momento para enojarse y un momento para expresar la ira correctamente (véase Santiago 1:19). Incluso Jesús sintió ira en ocasiones (véase Marcos 3:5). Sin embargo, la ira se convierte en un gran problema cuando se infiltra en nuestra vida y permanece latente, tal como le sucedió a Eliab. Una forma de saber si esto está sucediendo es si sientes enojo por algo que nunca ocurrió. Tal vez pensaste que un amigo te hizo algo, pero en realidad no fue así. Tu enojo fue infundado. O quizás tengas una razón válida para estar enojado, pero la expresas de forma incorrecta. Al igual que Eliab, tu ira reprimida estalla y daña a los demás. O tal vez hayas sentido enojo con razón, pero no lo expresas. Reprimir la ira conlleva grandes riesgos para la salud y es, sin duda, una de las cosas más destructivas que puedes hacer. Entonces, ¿cómo vencer a este gigante llamado ira? ¿Cómo experimentar la victoria que Jesús ya ha obtenido sobre ella? Comienza por reconocer que el cambio duradero rara vez llega instantáneamente. Con frecuencia, Dios transforma tu vida poco a poco. La clave para un cambio real en tu vida espiritual es llenarte constantemente de fe y conectarte continuamente con lo que Jesús está haciendo en ti. Lee la Palabra de Dios y sustituye tu ira con las verdades que encuentres en ella. Reemplaza los pensamientos de enojo con oraciones por quienes te han hecho daño. Alinea tu vida con la voluntad de Dios e invita a Jesús a reinar plenamente en tu corazón. En este sentido, es útil recordar que no eres perfecto. Dios te perdonó, así que tú puedes perdonar a los demás. Dios hizo las paces contigo a través de Jesús en la cruz, así que cuando estés enojado, vuelve a la cruz. Comprende que Dios es tu vengador y te ha liberado para que hagas las paces con los demás. Reconoce que lo que hizo por ti es mayor que cualquier cosa que alguien pudiera hacerte. Por el poder de Cristo, es posible perdonar a aquellos con quienes estás enojado y liberarte del dolor que ha estado envenenando tu vida. También es importante recordar que eres hijo o hija de Dios. Recuérdate esto a diario. Quizás te hayan rechazado y te hayan hecho sentir insignificante, pero a los ojos de Dios eres amado, estás a salvo, protegido y eres importante. Deja que la voz de Jesús resuene por encima de las demás voces que intentan hacerse oír en tu vida. En definitiva, vencer al gigante de la ira se trata de soltar el control. Así que haz como David y concéntrate en Dios en lugar de en quienes te han hecho daño. Al hacerlo, serás liberado para avanzar con el poder de Dios y cumplir con el propósito al que te ha llamado. Responder ¿Cuál dirías que es una forma saludable de lidiar con la ira? ¿Cuál es tu manera habitual de afrontarla? (¡Ten en cuenta que si nunca te enojas, esa también es una forma de lidiar con ella!) ¿Qué te ayuda a saber que eres un hijo o una hija amado/a de Dios? ¿Qué significa pensar en Dios como tu vengador? ¿Cómo te ayuda esto a no guardar rencor a otra persona?

Puede parecer extraño pensar en la comodidad como algo enorme, algo que nos atormenta y perjudica nuestras vidas. Todos deseamos brindar un entorno seguro a nuestra familia. Nos gusta relajarnos al final del día, descalzos, viendo un programa entretenido en la televisión. Nos gusta que nuestras vidas sean ordenadas, no caóticas. Ninguna de estas cosas es mortal en sí misma. El problema surge solo cuando el deseo de seguridad se convierte en el tema dominante de nuestras vidas. En la historia de David y Goliat, vemos cómo este deseo paralizó a la nación de Israel. Los israelitas lanzaban su grito de guerra cada día. Se equipaban y se dirigían al frente. Contaban con la protección de Dios. Pero durante cuarenta días, la tentación de la comodidad les impidió avanzar. Goliat salía cada mañana, y los israelitas decían: «Hoy no. Es demasiado peligroso. Quedémonos en las tiendas, donde estamos a salvo». Lo que falta en la historia es que David llegó y logró en un solo día lo que el ejército de Israel no había podido hacer en mes y medio. Todos los días habían estado vacilando. Todos los días su comodidad los había frenado. Todos los días el gigante seguía acercándose y acercándose. Entonces apareció David y dijo: «Esto es una locura. Esto se acaba hoy». Dios quiere que tú también veas más allá de la comodidad y reconozcas que hay algo de trascendencia eterna contra lo que debes luchar. Te llama a un propósito mayor que el que la mera comodidad puede ofrecer. Quiere darte verdadera influencia. Quiere que camines por sendas de justicia por amor a su nombre. Quiere que actúes en obediencia a su voluntad. Hoy te invita a prepararte, unirte a su llamado a la batalla y enfrentar al enemigo. Alcanzar la victoria sobre la comodidad implica responder a este llamado. Significa negarse a esperar a que todo se alinee antes de actuar. Significa estar dispuesto a ir en una dirección que al principio no nos resulte familiar. Significa comprender que lo más importante es actuar con la fuerza de Dios, no con la nuestra. En cuanto lo entiendas, estarás listo para la batalla. Estarás listo para ser testigo de la liberación de Dios. Recuerda que la fe florece en la incomodidad. La cruz le causó dolor a Jesús al mismo tiempo que te trajo libertad. A menudo es fácil quedarse de brazos cruzados y decidir seguir el ejemplo de la vida de otra persona, dejar que alguien más, que ha sido «llamado», corra el riesgo. Pero la realidad es que Dios no nos ha llamado a ninguno de nosotros a evitar los peligros de un mundo perdido y moribundo. En cambio, nos ha llamado a entrar en él con la espada del Espíritu en nuestras manos. Él quiere que digamos: «Debemos cumplir pronto las tareas que nos ha encomendado el que nos envió. Viene la noche, y entonces nadie podrá trabajar» (Juan 9:4 NTV). Tu vida en esta tierra es corta... pero Dios es grande. Así que concéntrate en asuntos de importancia eterna mientras estés aquí. Vives en un planeta con miles de millones de personas que nunca han oído hablar de Jesús. Como seguidor de Cristo, tienes la esperanza. Tienes la verdad. Tienes la vida. Tienes a Jesús. Eso es lo que importa: dar a conocer a Jesús. ¡Así que lánzate a la lucha en el nombre de Jesús! Responder En una escala del 0 al 5, ¿qué importancia tiene la comodidad para usted? ¿Por qué respondió de esa manera? ¿Cómo se manifiesta su deseo de comodidad en su vida diaria? ¿Identificas alguna área en la que tu deseo de comodidad esté limitando lo que podrías hacer por Dios? Si es así, ¿cuáles son esas áreas? ¿Cómo te sentirías si salieras de tu zona de confort para servir a Dios de alguna manera? ¿Qué opinas al respecto? ¿Cómo puedes proclamar a Jesús con tu vida?

David era apenas un adolescente cuando llegó a la batalla entre los israelitas y los filisteos. No pertenecía al ejército, sino que simplemente llevaba provisiones a sus hermanos. Al llegar al campamento, oyó las burlas de Goliat y preguntó quién iba a derrotarlo. A su hermano no le gustó su curiosidad. Nótese el texto: «Cuando Eliab, el hermano mayor de David, lo oyó hablar con los hombres, se enfureció y le preguntó: “¿Por qué has bajado aquí?”» (1 Samuel 17:28). Esta respuesta no sorprende si conocemos el resto de la historia. En 1 Samuel 16, leemos que cuando el profeta Samuel fue a casa de Jesé para ungir a un nuevo rey para Israel, Jesé comenzó con el mayor, Eliab. Eliab era el más grande, el mayor y el más fuerte de los hermanos. Sin duda, él iba a ser el nuevo rey. Pero Dios dijo: «No. Él no». Sin duda, Eliab se sintió despreciado. El sistema parecía estar al revés. No fue elegido rey. En cambio, lo fue el hermano menor, el niño que ni siquiera estaba en la lista. Eliab se sintió rechazado, y los rechazados rechazan a otros. A nadie le gusta sentir que no es lo suficientemente bueno, inteligente o deseado. Aunque quisiéramos que no fuera así, la opinión de los demás importa. Una palabra de rechazo, incluso una pequeña que no pretendía herirnos, puede quedar grabada y doler. Una pequeña semilla de rechazo puede echar raíces y causar estragos en el futuro. Pronto olvidamos que Dios nos creó milagrosamente con un propósito y un plan. Olvidamos que no nos pide que nos comparemos con los demás ni que corramos la carrera de otro. Perdemos de vista nuestro milagroso comienzo y nuestra recreación en la persona de Cristo. Pronto nos encontramos atormentados por este gigante del rechazo. Experimentar la victoria de Jesús sobre el gigante del rechazo proviene de verte como te ve tu Padre celestial: como su hijo amado. Como escribió Pablo: «Si somos hijos, también somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos con él para que también seamos glorificados con él» (Romanos 8:17). Dios no te aceptó por nada que hubieras hecho, sino simplemente porque te amó (véase 1 Juan 4:19). Es más, Dios te amó tanto que estuvo dispuesto a pagar un precio altísimo para acercarte a él: la muerte de su propio Hijo, Jesús, en la cruz. Imagina que Jesús te susurra hoy al oído: «Te amo muchísimo. ¡Ya estoy complacido contigo!». Puede parecer increíble pensar que el Dios del cielo, el creador del universo, te conoce tan personalmente. Muchos nos asustamos cuando recibimos treinta «me gusta» en una publicación en redes sociales. Sin embargo, el Dios del universo se acuerda de ti (véase el Salmo 8). Él te ha buscado (véase Lucas 15:3-7). Antes incluso de que fueras concebido, Dios dejó constancia de que te elijo como mío. Esta verdad debería cultivar en ti un sentimiento de aceptación. Tu valor no reside en tus logros, sino en el hecho de que Jesús fue entregado por ti. Fuiste creado para ser aceptado y amado por tu Padre celestial. Fuiste creado para ser amado, de forma gratuita. Vives de su aceptación, no para la de los demás. Al comprender esto, el gigante del rechazo caerá sobre tu vida. Responder ¿Qué razones tienes para sentirte profundamente aceptado por Dios? ¿Cuáles de ellas ya están presentes en tus pensamientos? ¿Cuáles no? ¿En qué sentido puedes decir: «Dios me eligió»? ¿Qué significa esto para ti? ¿Por qué es tan importante? ¿Cuál es la diferencia entre vivir para ser aceptado y vivir desde la aceptación? ¿Cómo puedes poner esto en práctica?

Al leer la historia de David y Goliat en la Biblia, una de las primeras cosas que se observa es que el ejército israelita estaba «consternado y aterrorizado» por el gigante (1 Samuel 17:11). Goliat comenzaba cada día con burlas y lo terminaba con burlas. Con el paso del tiempo, todo ese desmoralizador y humillante afectó a los israelitas. Comenzaron a creer que, a pesar de sus mejores esfuerzos, algo indeseable les iba a suceder: su derrota. Básicamente, esta es la definición de miedo: la creencia de que hay algo ahí fuera que te va a hacer daño y que no puedes evitar. Este miedo puede manifestarse de muchas maneras: ansiedad, nerviosismo, preocupación, estrés, pavor, desesperanza, pánico, entre otras, y puede surgir de diversas fuentes. Quizás experimentas miedo como resultado del entorno en el que te criaste. Tal vez tu familia veía la vida como una gran amenaza constante. En cualquier momento, algo podía salir mal... y probablemente saldría mal. O tal vez experimentas miedo al intentar ocultar errores e imperfecciones en tu vida. Te avergüenzas de algo que hiciste en el pasado y te preocupa que algún día se haga público y salga a la luz. O tal vez experimentas miedo al intentar controlar demasiadas cosas en tu vida. Te has dado cuenta de que la mayoría de las cosas en la vida escapan a tu control, y esto te genera temor sobre lo que sucederá en el futuro. El gigante del miedo puede afianzarse en tu vida y comenzar a dominarte. Puede desmoralizarte y, en última instancia, disminuir la gloria de Dios en tu vida. Puede consumirte, erosionar tu confianza, robarte el sueño, cegarte y arrebatarte la alabanza a Dios. El miedo es un gigante implacable. Y es uno que debe caer por el poder de Jesús. La solución para enfrentar al gigante del miedo no es la determinación, sino la fe en Jesús. No se trata tanto de decir: «Miedo, vete», sino de confesar: «Tengo la certeza de que Jesús es más grande que este gigante y ya lo ha vencido». En Romanos 10:17, Pablo afirma: «La fe viene por el oír, y el oír, por la palabra de Dios» (NVI). Cuando ves y oyes a Dios en y a través de su Palabra, esta te permite ver y oír que Él es más grande que tu gigante. Esto fortalece tu fe, y tu fe, a su vez, se convierte en la piedra que silencia al gigante que ya ha sido vencido. Hoy, identifica la fuente de tu temor y ponla en manos de Jesús. Recuerda que para Dios todo es posible (Mateo 19:26) y que Él puede vencer este gran obstáculo. Recuerda que Jesús prometió estar siempre contigo (Hebreos 13:5). Nombra lo que te quita el sueño y encomienda esas preocupaciones a Aquel que prometió cuidarte (1 Pedro 5:7). Luego, llena tu boca de alabanza porque ves el poder de Dios, reconoces su amor por ti y sabes que siempre te ayudará. Su misericordia nunca falla (Lamentaciones 3:22). Al hacer esto, aunque la causa de tu miedo no desaparezca, estarás relegando activamente el miedo a su lugar correspondiente: en las manos de Cristo. Responder Lo opuesto al miedo no es el coraje, sino la fe. ¿Qué implica la fe en Jesús cuando te enfrentas al gigante del miedo? ¿Qué necesitas creer? ¿Qué necesitas hacer? ¿Qué te ayuda a convencerte de que Dios es más grande que tus miedos y ha vencido todo aquello que temes? ¿Qué papel desempeñan la alabanza y la adoración para afrontar el miedo? ¿Por qué son tan importantes?

Un intento de atentado contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ocurrido durante el fin de semana, encendió las alertas de seguridad en el país tras registrarse un incidente armado en el marco de la tradicional Cena de Corresponsales de la Casa Blanca. De acuerdo con reportes preliminares, un individuo armado intentó acercarse a una zona restringida del evento, donde se encontraban altos funcionarios del gobierno. Elementos del Servicio Secreto de Estados Unidos actuaron de inmediato, logrando neutralizar la amenaza antes de que pudiera concretarse un ataque directo contra el mandatario. Durante el operativo se reportaron detonaciones y un agente resultó herido, aunque fuera de peligro. El presidente fue evacuado como medida preventiva y trasladado a una zona segura, sin sufrir lesiones. Las primeras investigaciones apuntan a que el atacante habría actuado por motivaciones políticas, y autoridades federales ya analizan posibles vínculos, así como comunicaciones previas que podrían haber anticipado el intento de agresión. El sospechoso enfrenta cargos graves, entre ellos tentativa de asesinato de un presidente de Estados Unidos, lo que podría derivar en una condena de cadena perpetua. Tras el incidente, el gobierno federal anunció una revisión inmediata de los protocolos de seguridad en eventos oficiales, mientras líderes políticos de distintos sectores condenaron el hecho y llamaron a reducir el clima de polarización. Este suceso reaviva el debate sobre la seguridad de figuras públicas en Estados Unidos y el aumento de la violencia política en el país.

La épica historia de David y Goliat es una de las más conocidas de la Biblia. A un lado del valle de Elah se encuentra el ejército filisteo, con su campeón de casi tres metros de altura llamado Goliat. Al otro lado del valle se halla el ejército israelita, acobardado bajo el mando de su rey Saúl. Durante cuarenta días, Goliat ha estado provocando a los israelitas y manteniéndolos bajo el dominio del miedo. Día tras día los ha desafiado a enviar a un soldado para enfrentarlo cara a cara. Pero hasta ahora, nadie se ha ofrecido voluntario. Quizás te identifiques con la difícil situación de los israelitas. Una especie de gigante se alza ante ti, burlándose de ti, acosándote e insultándote. Tal vez sea el miedo. Tal vez sea la ira. Tal vez sea un sentimiento de rechazo. Tal vez sea el astuto pero demasiado familiar gigante de la comodidad que te obliga a vivir por algo inferior. Incluso podría ser una adicción. Sea cual sea ese obstáculo en tu vida, día tras día te ha estado robando poder. Has intentado detener las burlas, pero te sientes inmovilizado. Retenido. Paralizado, incapaz de avanzar. En definitiva, sabes que no estás viviendo la plenitud y la libertad que Dios tiene reservadas para ti. La buena noticia es que Dios ha preparado el camino para que estos gigantes caigan. Todo comienza con creer que, aunque el gigante contra el que luchas sea grande, no es más grande que Jesús. De hecho, Él ya ha vencido a los gigantes de tu vida. Cuando vino a la tierra, sufrió el infierno por ti en la cruz y resucitó de entre los muertos para que pudieras liberarte de la perspectiva de una vida condenada. Vino para liberarte de los gigantes que se alzan contra ti y te paralizan de miedo. Jesús ya ha vencido al enemigo. Sin embargo, como leemos en 1 Pedro 5:8, el diablo todavía anda al acecho, buscando a quién devorar. En muchos sentidos, es como una serpiente sin cabeza. Al matar una serpiente, hay que asegurarse de enterrar su cabeza, porque incluso después de muerta, la serpiente conserva una dosis letal de veneno en sus colmillos. Si pisas la cabeza de una serpiente muerta, aún puedes envenenarte. De la misma manera, aunque Jesús quebrantó el poder de Satanás en la cruz, él todavía puede inyectar su veneno mortal en nuestras vidas. Está muerto, pero sigue siendo mortal. El objetivo, como veremos en este estudio, es no pisotear la cabeza de la serpiente. En términos prácticos, esto significa resistir al diablo (véase Santiago 4:7), equiparnos con las defensas que Jesús nos ha dado (véase Efesios 6:10-18) y confiar en su suficiencia (véase Proverbios 3:5). Significa recordar que él es nuestro David en la parábola, y que jamás podremos derribar gigantes con nuestro propio valor, fuerza de voluntad o esfuerzo. Siempre es Jesús quien derriba al gigante. Si de verdad deseas vencer a los gigantes de tu vida, necesitas comprender tu dependencia de la suficiencia absoluta de Jesucristo. La victoria radica en confiar en Cristo, no en intentar triunfar por tus propios medios. Para dar el primer paso contra tu enemigo, que aunque muerto sigue siendo mortal, debes cambiar tu perspectiva. Cristo es la única fuerza que trae el cambio. Responder ¿Cómo reaccionas ante la idea de que Jesús, y no tú, es el David que ha vencido al gigante en tu vida? ¿Qué implicaciones tiene esto para tu forma de vivir? Jesús vino a la tierra para aplastar el poder del pecado y la muerte, y ya ha vencido al enemigo. ¿Qué diferencia supone esto en tu perspectiva sobre el gigante que hay en tu vida? ¿De qué maneras te acercas a Jesús para no pisar la cabeza venenosa de tu enemigo derrotado?

"Pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad». Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, paraque el poder de Cristo se muestre en mí" (2 Corintios 12:9). Como toda persona con esta condición hay días donde entiendo perfectamente a lo que Pablo se refería cuando hablaba de su aguijón. Pablo decía que Dios le había dado un aguijón que le causaba dolor, pero le hacía recordar que ninguna capacidad que tenía se atribuía a su mérito. La capacidad provenía de Dios. El mismo Pablo relataba como en sus oraciones rogó a Dios que haga la obra, pero Dios no quiso quitar su aguijón. Todos luchamos con limitaciones. En mi caso, hay días donde los sonidos duelen y siento que taladran mi cerebro. Hay noches donde despierto más de tres veces sin poder dormir por mis alteraciones en el sueño. Hay momentos donde no discierno mis emociones, ya que las dificultades del autismo están en la comunicación y la interpretación de mis sentimientos. Y también tengo crisis como cualquier otro autista. Sin embargo, en otras ocasiones me sorprendo cuando hablo delante de decenas de personas. Allí pienso en los imposibles que se vuelven posibles con Dios. Es por eso que soy una agradecida a Dios. Es mi aguijón el que me recuerda quién soy y a quién pertenezco. Soy consciente que podrían leer este plan padres o cercanos de un autista no hablante y quizá se sientan desanimados, pero quiero dejarles un claro ejemplo de la Biblia: Moisés. El mismo Moisés creyó como impedimento su limitación en el habla y Dios dejo en claro que no era impedimento para usarlo. Moisés al igual que Pablo se bastó en la gracia de Dios. Anhelo que tú como padre puedas hacer lo mismo. Cree en Dios y en la infinita creatividad de Él para usar a quienes ama de las maneras menos imaginadas. Su magnífico poder se perfecciona en nuestras limitaciones. Solo basta Él, nada más que Él y todo, absolutamente todo es posible. Oremos juntos: Dios te agradezco por todo. Cada detalle que has puesto en mi vida refleja tu poder. Te son conocidas mis limitaciones y debilidades y no te son de impedimento. Úsame, no pondré excusas. Solo tu presencia basta en mi vida para llevar a cabo aquello que gestaste como propósito en mí. Amén.

"Yo le contestaría: - Amigo mío, tú no eres nadie para cuestionar las decisiones deDios - La olla de barro no puede quejarse con el que la hizo, de haberle dado esaforma. El alfarero puede hacer con el barro lo que quiera"(Romanos 9:19-21). Luego de tener que asimilar dos diagnósticos, el de mi hijo y el mío, hubo momentos donde le preguntaba a Dios: "¿Por qué soy diferente?". En ese proceso escuche infinidad de consejos, cuestionamientos y frases como "No aceptes el diagnóstico". Pero en mi intimidad Dios decía lo opuesto y me hablaba de su soberanía ¿Qué es la soberanía de Dios? Es el total gobierno y control de Dios sobre todas las cosas. El autismo no es una enfermedad, es una condición neurológica. Se nace siendo autista porque mi cerebro está programado de una manera diferente al cerebro "típico" del ser humano. La pregunta es, ¿cómo a un Dios soberano se le podría escapar que yo nazca con una condición así? ¿Será que estaba distraído y el diablo hizo lo suyo? Es cómico llegar a pensar que Dios no estuvo en el asunto. Después de tiempo y largas conversaciones con Él he llegado a aceptar que así lo quiso. Necesitaba que una persona como yo llegue a otros en la misma situación. Me necesitaba para asesorar a madres y padres con las crisis o trámites de sus hijos. Dios sabía lo que hacía cuando me daba forma con sus manos como también sabe lo que hará con la vida de tu hijo o la tuya, no es casualidad que estés leyéndome. Aprendí con Él, que nada es casualidad, aun lo más mínimo conecta con lo importante. Le pido a Papá cada día que te enseñe a ver con sus ojos lo esencial. Que puedas derribar esos argumentos de exigencia que nos enseñaron presentando a Dios como nuestra fábrica de soluciones. Que puedas comprender que hay cosas que Dios no desea hacer y no por eso es malo. Dios es soberano. Su voluntad es buena, agradable y perfecta. Debemos aprender a morir a nuestra voluntad y aceptar la suya por muy irracional que parezca. Oremos Juntos: Papito lindo, cuán dulces son tus palabras. Me has enseñado sobre aceptar tu voluntad y no por mero capricho. Lo has hecho porque al aceptarla me acepto a mí y a los que me rodean. Aprendo a apreciar desde tu perspectiva lo que antes invalidaba. Abre mi mente Papá, quiero obedecer al destino que trazaste para mí. Te amo un poco más que ayer. Amén.




